Durante la Edad Moderna, la mujer seguía dependiendo totalmente de un hombre. Su función principal era casarse y tener descendencia, mejor varones, para que el linaje tuviera continuidad.
Las mujeres de un nivel social alto eran educadas por tutores privados: aprendían a leer y a escribir, podían llegar a hablar varios idiomas, tocar instrumentos…, aunque su papel fundamental era ocuparse del hogar.
Las mujeres pobres, en cambio, no recibían educación y trabajaban en el campo o en la ciudad como sirvientas, vendedoras, lavanderas, etc.
A partir del Concilio de Trento, en 1564, la Iglesia se hace más fuerte e influyente y promulga edictos muy restrictivos limitando la capacidad de acción femenina. No es extraño, así, que muchas decidieran probar fortuna lejos de Europa.